Noticias

25 de enero, 2017

Análisis de tres obras de Hernán Dompé

Totem

Hernán Dompé viajó a México y Perú junto a un grupo de arqueólogos en 1980. Su interés en el arte precolombino se centró tanto en las formas como en saber que ese arte partía de un sistema único de metáforas en las que ética, religión y estética eran indisolubles. Muchos artistas en los años 80 miraron hacia el arte originario del continente americano como inspiración y estímulo. La apropiación que el arte contemporáneo hizo de la prehistoria se produjo en el cruce entre colectivismo y conceptualismo, ha señalado Lucy Lippard (1).
En este sentido, Dompé comenzó a trabajar con los símbolos arcaicos provenientes del inconsciente colectivo  Su obra se nutrió del objeto encontrado –el azar propio del surrealismo– y de la intención consciente de encontrar propiedades semánticas en las formas. Como en el Pensamiento salvaje, interpretó a la naturaleza como signos (2). En las antiguas religiones americanas, el tótem era un animal o vegetal venerado como ancestro de la comunidad; representaba el conocimiento del funcionamiento de las fuerzas naturales que el hombre buscaba entender y propiciar.
Los tótems de Dompé, en su enigmática presencia son –como los reales a los que cita– testigos de sabidurías que la ciencia no explica. Coronados por piedras, amordazados por tientos, estas figuras arquetípicas simbolizan los misterios del tiempo y la cultura inscriptos en la identidad del territorio.
Como un bricoleur, el artista se vale de elementos preexistentes: clavos, llaves, charnelas, cadenas, herrajes, a los que ensambla en una nueva sintaxis que el espectador se reconforta en descubrir. Dompé alude a un tiempo remoto en que el hombre tenía una mayor armonía con la naturaleza; su arte tiene un profundo mensaje ecologista.

 

Totem

Hernán Dompé
Totem, c. 1983
Madera, bronce y granito, 218 x 78,5 x 48,5 cm
Colección Museo Nacional de Bellas Artes

[1]Lippard, Lucy R., Overlay, New York, The New Press, 1983.
2 Levy-Strauss, Claude, El pensamiento salvaje, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2000.

 

María José Herrera
(publicado en Museo Nacional de Bellas Artes, Colección. 2 volúmenes, Buenos Aires, Asociación Amigos del MNBA- Clarín, 2010).

 

La nave va

Las barcas son un tema recurrente en la obra de Hernán Dompé. Operan como símbolos, como elemento que marca un pasaje, un transcurrir. Esta es una metáfora que se repite en los relatos míticos y la literatura de un gran número de culturas antiguas y actuales.

En esta barca, el casco, surge de una pieza de madera de descarte. Como muchas de sus obras, el objeto original –en este caso de funcionalidad desconocida-, es resignificado a partir de las posibilidades plásticas que su forma permite. Luego, el artista somete al material a un poco ortodoxo proceso de envejecimiento y deterioro con el que alcanza un  aire de reliquia.

El título, que refiere la película de 1983 de Federico Fellini, no es casual. Esta barca es en sí misma una suerte de mito fundacional: los personajes que viajan sobre su cubierta inspiraron las series que pueblan la obra de Dompé desde entonces. Los cuchillos-herramienta, los tótems, los guerreros, las figuras femeninas que se convertirán en comadres, el rayo; cada una de ellas están prefiguradas en estas pequeñas estatuillas, disímiles entre sí, que parecen dirigirse a un destino incierto, como el elenco de una tragedia.

 

dompe-en-mat

Hernán Dompé
La nave va, 1985-87
Materiales varios, 90 x 190 x 32

 

Gabriela Naso

 

Casco de Darth Vader encontrado en el Cerro Uritorco

La utilización de materiales de descarte y el empleo de métodos y técnicas no convencionales son característicos de la obra de Hernán Dompé.  Sin embargo, la serie de tres cascos de pequeño formato realizados en 2012 son el resultado de la tallada directa del mármol en su sentido tradicional.  En esta obra, el juego entre el material y la luz se da gracias al trabajo de los volúmenes y oquedades. También por medio de la alternancia entre la  superficie lisa y pulida del mármol y las texturas rítmicas que surcan los picos de hierro.

Con formas que recuerdan a las armaduras de samuráis y caballeros medievales europeos, el autor añade una cuota de humor al nombrarla Casco de Darth Vader encontrado en el Cerro Uritorco,[1] en directa alusión a la saga fílmica de La guerra de las Galaxias. Crea así una paradójica relación entre la idea de hallazgo arqueológico de un pasado imaginario, y los productos culturales de la ficción futurista popular.

En este sentido, el universo visual de Dompé se asemeja al mundo precolombino: en él, el tiempo no es lineal, sino cíclico, y no existe diferencia entre historia y mito.

 

Hernán Dompé
Casco de Darth Vader encontrado en el Cerro Uritorco, 2012
Mármol verde di Pratto y bronce, 35 x 44 x 25 cm

 

[1] El Uritorco es un cerro en Capilla del Monte, Córdoba donde vive Dompé. Visitado por miles de turistas cada año, el Uritorco tiene reputación de ser un lugar de avistaje de ovnis.

 

Gabriela Naso

 

La otra historia (instalación), 1983

Aún en los momentos en los que se aleja de la figuración, las esculturas de Hernán Dompé poseen un fuerte componente narrativo. Esta característica aparece más claramente en los casos en los que un conjunto de obras -que podrían funcionar individualmente-, se reúnen en un espacio estableciendo relaciones entre sí. De esta interacción surge algo mayor a la suma de sus partes.

En La otra historia, un grupo de piezas se dispone solemnemente creando una “puesta en escena”, con un indudable aire fúnebre. Inquietante y familiar a la vez, el protagonista de aquel rito permanece anónimo. Si tenemos en cuenta el momento de su realización -1983-, no es difícil de adivinar: es un velorio para aquellos que no lo tuvieron, que fueron capturados, sufrieron y murieron en la clandestinidad.

De esta forma, se inscribe dentro de un conjunto de producciones de diversos artistas que a principios de la década de 1980, trabajaron en sus obras el concepto de la ausencia, como una forma de ofrecer un duelo simbólico por las víctimas del terrorismo de estado, y así elaborar a través del arte los traumas de una sociedad que todavía no tenía respuestas.

 

La otra historia

 

Gabriela Naso